No basta con escuchar cantos angelicales ni ásperas notas que enchinen la piel y nos hagan sentir rareza. Es necesario ver qué genera todo eso cuando entra a la cabeza ¿un dolor de cabeza? ¿placer gigantezco? ¿tristeza diminuta? Y cuando todo eso se junta en ese collage ¿se mueve? ¿se queda rígido? ¿rígido como tus acciones y tus palabras?
Y cuando ya encontraste qué genera y a dónde se mueve dentro tuyo ¿se parece a lo que quiere decir el autor? ¿es completamente diferente? ¿importa acaso?
Es todo esa encrucijada la que disfruto de escuchar música. M. me dijo un día: "he escuchado tantas cosas que he quedado profundamente perturbado", le creo... Haberse preguntado tantas cosas con tantos ruidos y tantos cocteles de ambientaciones y noises.
No hay comentarios:
Publicar un comentario